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Valorar lo pequeño: Huir de las grandes construcciones

  • 11 ene 2017
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Juan Mera, director de la Escuela de Arquitectura de Toledo. Juan Mera, director de la Escuela de Arquitectura de Toledo.

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He descubierto que cuando uno compra una propiedad, el valor de esta se reparte en tres conceptos: Más o menos un tercio el suelo, otro tercio los gastos y beneficio del promotor y el tercer tercio la propia construcción. Eso ahora, porque en las burbujas, siempre los dos conceptos que suben, a veces hasta extremos no creíbles, son justo los que acompañan a la construcción, y nunca los honorarios del arquitecto ni los costes directos de obra. Podemos decir entonces con alegría y orgullo que “el ladrillo es santo”.

No hay que preocuparse entonces porque este, el ladrillo, el pobre, siempre fue inocente, como lo fue la piedra y la madera y el acero, y las puertas y ventanas, como lo fueron las instalaciones que hacen nuestra vida más agradable. Esto quiere decir que todos estamos equivocados cuando reclamamos cualquier defecto en relación al valor de nuestra casa. Solo una tercera parte se corresponde con ella.

Podríamos pensar entonces que la solución es elevar nuestras casas y edificios de sus solares para saber de verdad cual es su valor. Este pensamiento tan naif es bien gráfico y nos sirve para entender que es ahora el momento para que se tomen las medidas que eviten volver a caer en el mismo error.

Pienso y leo que el sector inmobiliario está en vías de recuperación. Este sector, muy diferente al del automóvil, por su falta de movilidad, no permite que se recupere de forma equilibrada. Donde se hicieron operaciones inmensas equivocadas la recuperación será muy lenta, si no imposible. En muchos casos será bueno derribar construcciones que nunca se debieron levantar, en zonas especialmente delicadas. Esta área de trabajo, proyectos de derribo, se debiera incrementar. No se tira nada y eso es malo. De todas formas, ante el estancamiento de estos últimos años y las necesidades reales de vivienda, en torno a las 250.000, el sector se va a recuperar seguro.

La pregunta supongo que es: ¿Cómo se debe hacer ahora? Propongo alguna idea: Primero, flexibilizar la normativa. No se pueden hacer las casas como siempre. Nadie quiere ya una vivienda con los estándares de antes. Hay que apostar por nuevos espacios, grandes y pequeños, diáfanos y vacíos, dejando la posibilidad de reformar según el propio gusto. También es importante que los usos se mezclen, que se pueda vivir en un local en planta baja, en un taller.

Y la tercera fundamental: Repartir el territorio urbano en pequeños trozos. Valorar lo pequeño. Nada de grandes acumulaciones, ni proyectos mastodónticos. No más de 25 viviendas juntas. Eso que parece fácil, si se consigue, producirá trabajo para muchos, jóvenes y mayores. Como hace una madre con muchos hijos y la merienda, que la reparte entre todos en pequeñas porciones.


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