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¿En qué situación se encuentra la certificación energética en España?

Recientemente se han cumplido cinco años de la puesta en marcha en España del Real Decreto 235/2013. Con esta normativa se aprobó el procedimiento básico para la certificación de la eficiencia energética de los edificios que existen en nuestro país. La misma buscaba, en opinión de José Almagro, director general de Sto Ibérica, «que las viviendas sean lo más eficientes posible». Para ello se establecieron varios tipos de calificación que, si bien no conllevan ninguna consecuencia negativa para los propietarios, «tienen como meta lograr que aquellos inmuebles con peor valoración sean sometidos a reformas para mejorar su situación». ¿Cómo han reaccionado los propietarios y promotores a lo largo de este tiempo?

Control de emisiones de CO2

La certificación energética es un método por el cual se obtienen las emisiones de CO2 generadas por un inmueble como consecuencia de su uso en condiciones normales. Tales emisiones determinan y condicionan el grado de eficiencia de un inmueble «siendo la A la más eficiente y la G la menos», explica Diego Lasaosa, CEO y cofundador de Certicalia. De los más de 55.000 certificados que esta compañía ha realizado durante este tiempo, solo el 0,23% han obtenido una calificación A. Por el contrario, un 24,9% de los certificados han obtenido una calificación G. A medio camino se han situado la calificación B (0,45% de certificados), C (2,10%), D (47,5%) y E (13,52%).

En lo que respecta a la evolución cuantitativa de los certificados, desde Certicalia adelantan, tomando datos oficiales, que durante el primer año se registraron alrededor de 100.000 certificados energéticos en España, pero que la cifra ha aumentado hasta los 700.000 anuales desde 2014, siendo en la actualidad más de tres millones los certificados se han expedido. No obstante, Lasaosa reconoce que «solo el 1,3% de los edificios de nueva construcción» cuentan con este documento. Ello se debe, especifica, «a los cambios de procedimiento» que se han producido, como la obligatoriedad de la expedición, «que en algunas comunidades ha sido difícil hasta hace poco», o la sustitución del programa oficial que la administración pública utiliza para certificar.

Mejorar la eficiencia energética

La obtención de un mayor grado de eficiencia en un inmueble se alcanza apostando por aquellos elementos que más contribuyen al ahorro energético. En este sentido, desde Certicalia aseguran que los elementos más importantes a considerar para conseguir este objetivo «son las instalaciones térmicas en el 40,8% de los casos, la envolvente del edificio en un 25,8%, las ventanas en un 24,1% y los puentes térmicos en un 9,4% de los casos«. Sin embargo, Lasaosa reconoce que hay que distinguir entre obra nueva y rehabilitación, ya que en este último caso los componentes recomendados para contribuir al ahorro energético son «la envolvente térmica, las instalaciones de agua caliente sanitaria, calefacción y refrigeración».

Para mejorar la envolvente térmica se suele modificar la fachada de los edificios afectados. En caso de no realizarse una obra integral, matiza este experto, «puede colocarse el aislante térmico por el interior de la vivienda». Asimismo, defiende que el cambio de ventanas «es una de las medidas de mejora más importantes», ya que si estas cuentan «con un buen puente térmico» se evita la pérdida o ganancia de calor exterior. De igual modo, recomienda «mantener el confort interior de la vivienda evitando el consumo excesivo de instalaciones de calefacción o aire acondicionado». Respecto a las instalaciones térmicas, aconseja sustituir los generadores actuales «por otros que tengan mejor rendimiento».

Precios sin regulación

La tramitación del certificado de eficiencia energética conlleva la puesta en marcha de una serie de pasos. En primer lugar, hay que contactar con un técnico cualificado que, según argumenta Sandra Barañano, directora técnica de «Cuida Tu Casa», iniciativa de Andimac para mejorar el confort del hogar, «deberá visitar físicamente el inmueble, hacer mediciones, fotografías, comprobaciones y toma de datos». Asimismo, esta especialista recalca que dicho profesional será el responsable de «trasladar la información de campo a los programas homologados», además de redactar las medidas de mejora de eficiencia energética y materializar el certificado. Una vez obtenido, será también el técnico el encargado de registrarlo en la comunidad autónoma pertinente, que enviará la etiqueta correspondiente al propietario.

Este proceso, indican desde Andimac, se realiza en «un mercado que no ha regulado el valor» de los certificados, por lo que el coste de este documento depende de varios factores, como la ubicación geográfica del inmueble y sus características físicas. Al respecto, Carlos Castro, responsable de aislamiento térmico de Danosa, indica que, para una vivienda tipo de 90 metros cuadrados de superficie, este documento «puede situarse en un rango de entre los 200 y los 300 euros». Un precio, a su juicio, «irrelevante frente al coste general de la construcción o de la rehabilitación».

Grado de concienciación

Existe consenso por parte de los expertos a la hora de reconocer que, con el transcurso de estos cinco años, existe un mayor grado de conocimiento en torno a la certificación energética. En este sentido, la mayoría de las voces defienden que la concienciación en torno a la eficiencia energética de los edificios «va incrementándose en España poco a poco«. Así lo afirma Alberto Aragonés Borné, director de oficina técnica de Detea, quien reconoce que cada vez son más las promotoras «que en sus nuevas edificaciones velan por la eficiencia energética y la sostenibilidad».

No obstante, cree que todavía existe una «importante parte de la población que no es consciente de los beneficios que trae consigo la eficiencia energética. Es por ello que aconseja la puesta en marcha «de nuevas campañas de concienciación que lleguen a todos y hagan entender el concepto y la necesidad de la eficiencia energética en nuestra vida diaria». Por su parte, Almagro reivindica que la conciencia no solo se ha de quedar en la eficiencia energética de los procesos, sino que también debe llegar al uso de materiales naturales con bajo contenido de carbono, «pasando por la adecuada elección de procesos constructivos o la salubridad de los espacios interiores».

Retos de futuro

Para los profesionales del sector, la eficiencia energética está viviendo una evolución positiva, que puede comprobarse con los datos publicados por IDEA sobre la evolución de la calificación energética de los edificios. Al respecto, desde Certicalia defienden que a partir de la implantación de la nueva normativa «los inmuebles proyectados bajos estos cánones y las rehabilitaciones son más eficientes«. Un ahorro energético que, defienden, se verá incrementado también con el nuevo Código Técnico de Edificación, que incorporará la figura del «edificio de consumo de energía casi nulo».

Este concepto, indica Aragonés Borné, «reconoce las exigencias europeas y la incorporación de los edificios protegidos oficialmente que hasta ahora quedaban fuera del ámbito de la certificación». Tal introducción, a su juicio, «supone un reto», pues en el Código Técnico de Edificación se tendrá que definir «un modelo de edificación, al igual que lo han hecho otros países europeos» a través de objetivos de eficiencia energética más claros, implementación de mejoras e innovación. «Lamentablemente, en España no se va a alcanzar en la fecha prevista, pues estaba estimado para final de 2018 y todavía no ha sido sometido a información pública el documento básico de ahorro de energía», concluye.

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