ola de calor

¿Está tu casa preparada para soportar una ola de calor?

La temporada estival ha dejado claro que, lejos de ser una anomalía, el calor extremo es la nueva normalidad del verano en España. Los mercurios dan cada vez menos tregua y los hogares, antaño refugios climáticos, parecen no ser suficiente para aliviar los efectos de las altas temperaturas. Los episodios de calor extremo cada vez más frecuentes y muchos se preguntan qué hacer para soportar la próxima ola de calor en casa.

Según el IV Observatorio sobre Vivienda y Sostenibilidad de UCI, casi uno de cada dos españoles reconoce que su hogar no mantiene una temperatura adecuada de forma habitual. A esto se suma la antigüedad de buena parte del parque residencial español, construido en una época con otro clima y prioridades. El resultado es un país donde millones de viviendas siguen actuando más como acumuladores de calor que como refugios frente a él, con un impacto directo en la salud, el bolsillo y la calidad de vida de quienes las habitan.

¿Están preparadas las casas para soportar una ola de calor?

Una vivienda preparada es la que mantiene el calor fuera durante el día y se enfría por la noche sin depender de forma continua del aire acondicionado. En España, buena parte del parque construido antes de la existencia de normativas de aislamiento no cumple esa condición: se calienta rápido, no se refresca de madrugada y obliga a un uso intensivo del aire acondicionado. La solución pasa por actuar primero sobre el edificio (aislamiento, ventanas, protección solar) y después sobre las instalaciones.

El verano ya no da tregua: lo que dicen los datos

Los números respaldan la sensación térmica de este verano. Según UCI, únicamente el 9,5% de los hogares españoles logra mantener siempre una temperatura confortable, mientras que el 46,4% reconoce no conseguirlo de forma habitual. Murcia, Andalucía, Extremadura y Baleares encabezan la lista de comunidades con más dificultades, con hasta un 57% de hogares que no mantiene una temperatura adecuada.

Buena parte de la explicación está en la propia edad del parque residencial español. La mayoría de las viviendas «se construyeron desde los 50 hasta el 2006-2010 sin una calidad envolvente muy buena», explica Dolores Huerta, directora general de Green Building Council España. Una época en la que, según reconoce la experta, el problema era el frío y la energía era barata.

A esto se añade que la normativa tampoco ha corregido del todo el desfase. «Seguimos calculando y construyendo con escenarios climáticos que ya no son los de ahora», con un Código Técnico que sigue tomando como referencia climas del pasado y no la «nueva normalidad» de veranos que empiezan en mayo y terminan en octubre.

«En base a nuestros modelos hemos estimado un 40% de viviendas ineficientes frente al calor: aproximadamente 10,4 millones de hogares que no cuentan con una barrera (muros, ventanas, cubiertas) suficiente», Marta García (Accumin Intelligence).

A esta fotografía se suma el análisis de Accumin Intelligence sobre noches tropicales -aquellas en las que el termómetro no baja de los 20 °C-, que ya afectan a 23 millones de españoles y que, según sus proyecciones climáticas, alcanzarán a 35 millones de personas a mediados de siglo. La firma calcula que un 40% del parque residencial, unos 10,4 millones de viviendas, cuenta con una envolvente ineficiente frente al calor, lo que agrava especialmente el descanso nocturno.

El riesgo, además, tiene un componente humano que va más allá de la incomodidad. El sistema de vigilancia MoMo del Instituto de Salud Carlos III atribuyó al calor casi 3.800 muertes entre mayo y septiembre de 2025, el 96% de ellas en mayores de 65 años, un colectivo especialmente expuesto si además vive solo, como ocurre ya con más de 2,2 millones de personas mayores en España.

¿Qué significa realmente que una vivienda «esté preparada» para soportar una ola de calor?

Si hay una idea en la que todas las expertas consultadas coinciden es que preparar una vivienda para una ola de calor va más allá de instalar un aire acondicionado. La clave está en conseguir que el propio edificio actúe como barrera térmica frente al exterior. «Una vivienda preparada es aquella en la que esa barrera funciona y amortigua la onda de calor exterior en lugar de dejarla pasar», resume Marta García, Real Estate & Sustainability Project Manager en Accumin Intelligence. Cuando esa barrera falla, explica, «el interior sigue la temperatura de la calle».

Laura Visier, directora de Rehabilitación en UCI, aporta un dato de referencia al respecto. La Organización Mundial de la Salud sitúa el umbral de confort en una temperatura interior por debajo de los 32 °C de día y 24 °C de noche durante una ola de calor. Superar esos límites de forma continuada es muestra evidente de que la vivienda no cumple su función.

Señales que deberían ponerte en alerta

Pasar calor en el interior del hogar suele ser un indicativo claro de que algo no va bien. Pero sobre el terreno ¿cómo identificar si la casa está o no preparada para episodios de calor extremo? «Si se calienta muy rápido durante el día y tarda horas en enfriarse por la noche, si las habitaciones orientadas al sol se vuelven prácticamente inhabitables en las horas centrales, o si es necesario mantener el aire acondicionado funcionando continuamente para estar cómodo», como explica Elena Fernández, responsable de contenido de SotySolar, no hay duda. Tu casa no está preparada para garantizar tu confort interior en momentos de olas de calor.

«En general nuestras ciudades están poco preparadas porque acumulan muchísimo calor y no ventilan bien de noche. Son, por tanto, una fuente de calor que empeora el efecto de las viviendas», Dolores Huerta (Green Building Council España).

En este diagnóstico coincide también la directora de Rehabilitación de UCI. Visier subraya que, a menudo, la primera señal de alarma no es técnica sino económica: «cuando llega una ola de calor y la única forma de hacer habitable la casa es a costa de una factura eléctrica cada vez más elevada», apunta. O, como matiza García desde Accumin Intelligence: «Cuanto más alta es esa demanda, peor cumple su papel la barrera que nos separa del exterior -muros, ventanas, cubierta- y más dependemos de la factura».

Los hogares más vulnerables ante una ola de calor

El perfil de hogar vulnerable parece claro: viviendas antiguas, mal aisladas y con pocos recursos para reformarlas. García lo describe como una combinación de «amenaza alta y barrera limitada«. Dicho de otro modo, hablamos de inmuebles de más de 50 años sin reformar, habitados por rentas bajas y, en particular, personas mayores que, además, son fisiológicamente más sensibles al calor.

Los datos de UCI confirman esa dimensión económica. Entre los hogares que no logran ahorrar a final de mes, el 21% rara vez mantiene una temperatura confortable y el 10% nunca lo consigue, frente al 13% y el 4% entre quienes sí ahorran. No obstante, Visier apunta que muchas veces «se desconocen las ayudas públicas disponibles para mejorar la eficiencia energética».

«Una vivienda eficiente necesita menos climatización para ofrecer el mismo nivel de confort y, si además cuenta con tecnologías como la aerotermia o las placas solares, ese confort puede mantenerse con un coste mucho menor», Elena Fernández (SotySolar)

Para Fernández detrás de esa vulnerabilidad se esconde, en realidad, una triple penalización: «viviendas que no aíslan bien, costes energéticos elevados y menor capacidad de inversión». La experta aclara, eso sí, que la solución «no pasa únicamente por consumir menos energía, sino por consumirla mejor». Huerta añade a la ecuación el factor urbano. La directora general de Green Building Council España reconoce que las ciudades acumulan calor y ventilan mal de noche, lo que agrava la situación incluso en edificios que, de forma aislada, no estarían tan mal preparados.

Rehabilitar para resistir

Antes de enfriar, hay que evitar que el calor entre. «Es mucho más eficiente impedir que el calor entre que expulsarlo una vez dentro», resume Marta García. La experta plantea una escala de prioridades de coste creciente. Primero, gestos sin coste como cerrar ventanas y persianas de día y ventilar de noche. Después, el control solar exterior (persianas, toldos, lamas), que considera «la de mejor relación impacto-coste». Y por último, actuar sobre fachada y cubierta con aislamiento térmico, especialmente rentable en viviendas unifamiliares y áticos.

«Durante años hemos asociado la rehabilitación energética al ahorro. Hoy, además, debemos verla como una herramienta para proteger nuestra salud y mejorar nuestra calidad de vida frente a fenómenos climáticos cada vez más extremos», Laura Visier (UCI).

El mismo diagnóstico realiza Huerta que va más allá y pone el foco en el propio comportamiento de los ocupantes. «Hay que ser un poco interactivo con la vivienda«, reconoce. Abrir ventanas cuando entra el aire fresco y cerrarlas en cuanto empieza el calor o colocar un ventilador o un toldo son algunas ideas. Para la directora general de Green Building Council España, el sombreamiento  es, de hecho, la medida más básica de todas: «si no puedes ni bajar la persiana, te está asesinando el sol». A partir de ahí, actuar en la cubierta -sobre todo en últimas plantas y viviendas unifamiliares- es básico.

Visier coincide en el orden de prioridades empezando por reducir la demanda energética del edificio. Y es que, como apunta: «climatizar una casa mal aislada puede aliviar temporalmente el problema, pero no lo resuelve». Una vez reducida esa demanda, entran en juego los sistemas más eficientes. Fernández destaca el papel de la aerotermia, que permite refrigerar consumiendo mucha menos electricidad que los sistemas convencionales. Gracias a su combinación con autoconsumo solar: «es posible climatizar la vivienda con la energía que tú mismo generas».

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