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¿Hasta qué punto hay que ser flexible con el precio al vender una casa?

Cuando ponemos precio a una vivienda, suele ser porque tenemos el proyecto de adquirir otra mejor. En cualquier caso, sea cual sea el motivo de vender, el objetivo es obtener lo máximo posible. Esto no quita que nos reservemos un margen para hacer una rebaja. Al final, dependerá solo de ti el ajustar más o menos el precio a petición del comprador. Es normal que quién vaya a adquirir tu casa quiera que le bajes el precio. Tú habrás echado tus cuentas y querrás obtener el mayor beneficio posible, pero es conveniente tener un precio adaptado al mercado. Hacer concesiones está en tu mano, pero recuerda ser realista y mostrarte flexible o la operación se dilatará más de lo razonable.

Comparar para decidir

Para saber el valor de tu propiedad es bueno que compares por tu zona. Busca viviendas con características similares a la tuya. En Internet también puedes realizar esta comparativa, es cuestión de dedicarle unos minutos. No obstante, considera que el precio que marcan los anuncios no suele ser nunca por el que se cierra la transacción, ya que siempre hay una negociación, Acudir a una agencia inmobiliaria quizá te resulte más útil, porque un experto siempre te ayudará a hacer una valoración más real de la casa.

Precio competitivo

Comparar precios en tu barrio es interesante para hacerse una idea, pero también lo es para poder ser competitivo a la hora de poner precio. Si te urge venderlo y tienes margen de maniobra, puedes ponerlo por debajo de la media. Esto despertará el interés de los posibles compradores, que querrán hacer una visita para ver tu casa. Recuerda ponerte siempre un límite en esta bajada de precio, sobre todo, si piensas adquirir una nueva vivienda o tienes deudas a las que hacer frente.

Factores externos

Hay todo un catálogo de aspectos que influyen en el precio de la vivienda, y que son totalmente ajenos al mercado inmobiliario, son la seguridad de tu barrio, así como sus infraestructuras. Esto tenlo siempre en cuenta porque, por ejemplo, si tu barrio no es precisamente el más seguro del mundo, nadie querrá mudarse allí. Por lo tanto, y aunque te cueste, el precio tendrá que rebajarse en estos casos. Si el comprador tiene familia, querrá tener colegios cerca, centros comerciales y parques infantiles. Si trabaja lejos de la vivienda, querrá un buen acceso por carretera y un transporte público decente. Si la zona carece de todo esto, afectará al precio final de tu casa.

Conservación de la vivienda

El estado de la casa es muy importante a la hora de fijar un precio. Si has realizado reformas, su valor será más alto que si se conserva en estado original, pero si necesita algunos arreglos, es indispensable que consideres una bajada de precio, y más si has encontrado un comprador interesado que no regatea por regatear, sino que sabe perfectamente que la casa está sobrevalorada teniendo en cuenta su estado de conservación. Piensa que al entrar en la vivienda querrá actualizarla con total seguridad para adaptarla a sus necesidades, y que este sobrecoste saldrá, en parte, del descuento que tienes que hacerle.

Potencia los puntos fuertes

Para contrarrestar los argumentos del comprador para que rebajes el precio de tu vivienda, tendrás que tener un plan de contraataque. Tienes que potenciar tus dotes de vendedor y resaltar todo lo bueno que tiene la propiedad, más aún si estuviera reformada y bien conservada. Los suelos, los cerramientos, la carpintería nueva, muebles, cocina… Todo es susceptible de llamar la atención. Igualmente si incluye garaje y trastero. En caso de vivir en una buena zona, no olvides referirte a todo lo bueno que el comprador podrá disfrutar mudándose allí.

Necesitas vender ya

Cuando hay prisa, una rebaja es el mejor modo de cerrar la operación en tiempo récord. Si estás en la situación de liquidar préstamos o dedicar el dinero de la venta a cualquier otra cosa, no podrás poner muchas pegas si el comprador pide un descuento. Tampoco se trata de regalar tu casa, pero si necesitas deshacerte de ella con celeridad hay que tocar el precio sí o sí. Se trata de pensar bien cada paso que des, valorando si te interesa o no aceptar una rebaja de precio y jamás pillarte los dedos dirigiéndote a un callejón sin salida.

Un buen comprador

Otro de los motivos para ser flexible es la solvencia del comprador. Si la casa en venta no es un «caramelo» y adolece de mala situación o de falta de mantenimiento, no esperes obtener una cifra abultada. Es más, seguro que tienes problemas a la hora de captar el interés de los compradores y concertar visitas comerciales. Si surge uno que, no solo deja patente su intención de formalizar la transacción, sino que, además, te demuestra que es solvente, no te cierres en banda si quiere negociar el precio. Muéstrate flexible porque quizá no se te vuelva a presentar la oportunidad en varios meses.

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