Mi compañero de piso tiene 50 años. ¿Compartir piso como única salida?

Friends, Cómo conocí a vuestra madre…. Reconozcámoslo. Hay cierta tendencia a romantizar la idea de compartir piso. Pero más allá de la pequeña o la gran pantalla, lo cierto es que esta alternativa habitacional parece haber ido ganando terreno. Y no solo eso. Lo que antaño era un mercado reservado fundamentalmente a los jóvenes, hoy constituye una alternativa habitacional válida y cada vez más demandada por perfiles que poco tienen que ver con veinteañeros o universitarios.

En este contexto, los expertos no solo identifican esa evolución de los perfiles, sino también algunas de las causas detrás de este fenómeno. Los motivos económicos siguen siendo un factor clave. Junto a ellos ganan peso otras cuestiones como el aumento de la demanda y la reducción de la oferta. Y en medio de todo ello, las historias de quienes lo viven en primera persona y no ven, al menos a corto plazo, un horizonte demasiado alentador.

Los más mayores crecen en el mercado de compartir pisos

Tal vez muchos recuerden una época no tan lejana en la que encontrar un piso compartido era tan sencillo como acudir al tablón de anuncios de cualquier facultad. Echar un vistazo rápido a los múltiples carteles con números de teléfono en los que «se busca compañera de piso no fumadora», «se alquila habitación luminosa en piso de estudiantes»…, era la puerta de entrada a la independencia habitacional. Pero los tiempos cambian. Y con ellos no solo  lo hacen las plataformas para encontrar habitación. También el perfil de quienes buscan un hogar a la altura de sus posibilidades.

«El patrón común es el desequilibrio entre ingresos y coste de vivienda. Compartir piso permite reducir tanto la carga mensual como el nivel de compromiso económico, y se convierte en una herramienta de ajuste inmediato», Mercedes Blanco (Vecinos Felices)

Sergio Cardona, jefe de estudios del Observatorio del Alquiler recuerda que, hasta hace apenas unos años, lo habitual era ver estudiantes o personas que empezaban a trabajar  compartiendo piso. Sin embargo, «ahora las personas que ya se encuentran alquilando una habitación tienen una media de edad de 40 años», apunta. 

La CEO de Vecinos Felices, Mercedes Blanco comparte esa visión. Aunque para la vocal de Pimec del Consell Assessor de l’Habitatge de la Generalitat de Catalunya, más allá de tratarse de un simple cambio, lo que hay detrás de esa transformación es una ampliación de los perfiles. «Ya no hablamos solo de estudiantes o perfiles jóvenes, estamos viendo cómo el alquiler de habitaciones se está consolidando como un auténtico “mercado refugio” para personas en edad laboral«, asegura. 

Nuevos tiempos, nuevos compañeros de piso

«Llevo dos meses en un piso compartido… Ya ves, a mi edad». Podría ser el inicio de una novela pero es la reflexión con la que arranca Santi C. su relato. Con dos hijos adolescentes, trabajo estable y divorciado hace poco más de un año, poco podía imaginar este cubano expatriado hace más de tres décadas que a sus 52 años estaría compartiendo piso. «No está siendo fácil, la verdad, pero es lo que toca», confiesa con una media sonrisa a la que cose su esperanza para mirar al futuro con optimismo.

«No se puede hablar de tendencia coyuntural porque llevamos en este contexto varios años. Para que cambie esta situación es necesario que se produzca un equilibrio entre oferta y demanda», Sergio Cardona (Observatorio del Alquiler)

Su caso no es, ni mucho menos, una excepción. Tras la separación y aún teniendo una custodia compartida -inicialmente, claro, porque ahora con el cambio de piso aún no ha podido retomar la rutina con sus hijos (de 13 y 15 años)-, alquiló una vivienda. Pero llegado el momento de la renovación del contrato, el casero puso sobre la mesa una subida imposible de asumir.

«Con un solo sueldo no podía permitirme pagar más de lo que estaba pagando. Traté de negociar pero el propietario me dijo: «es lo que hay». Así que empecé a buscar y con los precios que hay ahora, compartir ha sido mi única opción», relata. Eso sí, en sus planes, la idea es que sea algo temporal.

Cuando compartir piso va más allá de la época juvenil

Competitivo, restrictivo y, en muchos casos, hasta excluyente. Así ven quienes trabajan sobre el terreno el mercado del alquiler, un segmento que, en el último año ha sufrido un incremento medio de precios en España del 11,33%. Pero si antes alquilar una vivienda era una opción alternativa a la imposibilidad de comprar, hoy se torna tanto o más inaccesible para muchas personas. Ya no hay un perfil único protagonista. Ni un momento vital concreto en el que compartir piso sea la mejor opción. Hoy, esta posibilidad la contemplan desde estudiantes a trabajadores desplazados, pasando por autónomos, divorciados…

«El problema es doble. Por un lado, las habitaciones se han convertido en una de las pocas opciones disponibles para muchas personas. Por otro, una parte importante de ese stock funciona fuera de los canales más regulados del mercado residencial», Carles Ribes (The Barrio) 

«En muchos casos no hablamos de una decisión deseada, sino de una fórmula de ajuste ante un mercado que expulsa progresivamente a una parte de la demanda del alquiler residencial tradicional», analiza Carles Ribes, CEO y cofundador de The Barrio. El experto reconoce que tanto compartir piso como otras fórmulas como el coliving, cada vez más populares, surgieron como «alternativas legítimas y complementarias al modelo de vivienda habitual tradicional«. El problema, explica, es que hoy han dejado de ser una elección voluntaria «para convertirse en una vía de acceso casi obligada a la vivienda».

Compartir piso es algo más que una cuestión económica

Compartir piso siempre a aliviado la carga financiera. Quizás por eso, ha sido tradicionalmente la opción más popular entre los jóvenes que empiezan su vida independiente. Pero, ¿aplica también esta motivación al mercado actual en el que la media de edad de quienes comparten piso supera ampliamente los 30? Para Mercedes Blanco estos nuevos perfiles responden, sobre todo, a cambios «económicos y vitales».

La CEO de Vecinos Felices distingue algunos de los perfiles más populares en este sentido. Personas divorciadas que necesitan una solución rápida al tiempo que reducir gastos, trabajadores desplazados, autónomos con ingresos variables… Blanco reconoce, no obstante, que tras todos ellos subyace un patrón común: «el desequilibrio entre ingresos y el coste de la vida«. Una cuestión a la que Cardona añade un matiz importante y es que, sobre todo en las grandes ciudades «la tasa de esfuerzo ha aumentado notablemente».

Compartir piso ya no es sólo cosa de jóvenes o universitarios. Es la respuesta del mercado a un problema de accesibilidad que empuja a nuevos perfiles a una alternativa habitacional tradicionalmente orientada a algo temporal

Para el cofundador de The Barrio, sin embargo, más allá del factor económico existe un factor de falta estructural de vivienda disponible. Sobre el terreno, Ribes explica que esa escasez de stock (junto a los precios) hace que, incluso «personas con empleo estable, autónomos, trabajadores desplazados o perfiles cualificados encuentren dificultades crecientes para acceder a una vivienda completa«.

¿Situación coyuntural o cambio estructural?

Que los precios de los alquileres están disparados no es ninguna novedad, incluso a la hora de compartir piso. Voces expertas, como la de Cardona, del Observatorio del Alquiler, reconocen un mayor esfuerzo por parte de las personas que buscan habitación ha aumentado. Eso sí, lejos aún de «los niveles que se pueden observar en el alquiler de vivienda residencial». Sin embargo, no todos los profesionales del sector tienen la misma opinión.

Ribes introduce una consideración interesante al respecto y es que, según su análisis: «El mercado de habitaciones está replicando exactamente las mismas tensiones que ya vemos en el alquiler residencial tradicional». ¿Cuáles? El experto lo tiene claro: exceso de demanda, escasez de oferta y subida continuada de precios. Y no solo eso, el CEO de The Barrio alerta de que la legislación actual abre la puerta a fórmulas informales.

La normativa actual, explica, «no permite alquilar habitaciones para un uso permanente sin ajustar el precio a los índices correspondientes. Eso ha provocado que parte de la oferta se desplace hacia fórmulas informales: alquileres sin contrato, sin estabilidad y con menor seguridad jurídica», concluye.

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