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¿Te comprarías una vivienda industrializada? 7 razones para decir sí

La industrialización se está asentando poco a poco como método constructivo definitivo. Dentro del ámbito residencial, muchas promotoras están apostando muy fuerte por producir vivienda industrializada porque tiene grandes ventajas frente a la que se proyecta de forma convencional. Cada vez es más habitual encontrar obra nueva industrializada entre la oferta actual porque las empresas que la desarrollan saben que se acortan tiempos y se reducen costes, además de ser más seguro para los operarios al desarrollar todos los componentes en un entorno controlado. ¿Y para el propietario? ¿Vale la pena? Estas son las razones que apoyan esta elección.

1. Tendrás tu casa más rápido

Mientras que una promoción de viviendas de tamaño medio levantada a la vieja usanza tarda en estar acabada entre un año y medio y dos años, al seguir un procedimiento industrializado, el fin de la obra rondaría los 15 meses. Esto significa que podrías entrar a vivir a tu casa mucho antes. Y los tiempos no paran de acortarse, ya que cada vez son más las empresas dedicadas a fabricar componentes para llevarlos después al lugar de la obra y colocarlos. Los plazos, al estar medidos con mayor precisión, son más cercanos a la realidad, evitando los retrasos que suele llevar aparejada la construcción tradicional. Con la industrialización los imprevistos se reducen hasta casi desaparecer.

2. Calidad medida al milímetro

La construcción industrializada permite tener bajo control todas y cada una de las fases con mayor precisión, por eso el margen de error es mínimo. Esto redunda en una experiencia postventa mucho menos traumática, ya que la lista de repasos será menor. La fábrica es un entorno donde todo se supervisa con más facilidad y detenimiento que a pie de obra, donde es más fácil que algo pase desapercibido. Además, el desarrollo no estará expuesto a las inclemencias meteorológicas, sino que todo se fabricará en una nave a cubierto para ensamblarlo posteriormente. Este modelo también beneficia a la mano de obra, que trabajará en condiciones de mayor seguridad y sin distracciones, algo que eleva la calidad del producto final.

3. Más margen de personalización

Es cierto que las promociones de vivienda suelen ofrecer al cliente una serie de mejoras cuando el proyecto ya tiene lista la estructura y comienzan las obras en el interior de las casa. Con la vivienda industrializada, esta personalización está a disposición del comprador en el momento mismo de la venta sobre plano. En residencias unifamiliares hay un catálogo más amplio que en edificios residenciales en altura, pero incluso en estos últimos se abre la posibilidad de ir más allá de cambiar el material de los suelos, dando a elegir diferentes distribuciones mediante la conexión de varios módulos. En este sentido, te involucrarás más en el diseño y tu casa se alejará de los estándares tanto como tu bolsillo te lo permita.

4. Precio sin sorpresas

Como el proceso de fabricación permite un control más exhaustivo, los costes están menos expuestos a desviaciones. La construcción tradicional compra los materiales con antelación, adelantándose al cumplimiento de los hitos de la ejecución. Aunque el promotor asume ciertos repuntes siempre que sean razonables, ya hemos visto que con crisis sobrevenidas de carácter global como las que hemos sufrido, los cálculos pueden desestabilizar completamente la previsión inicial, y al final es el cliente el que lo paga. La industrialización trabaja de forma diferente, no dejando nada a la improvisación. De hecho, producir estas viviendas es un 10%-15% más barato, aunque el precio que paga el consumidor no dista mucho del de una vivienda tradicional. Eso sí, no habrá subidas imprevistas: el precio será cerrado.

5. Una vivienda más sostenible

El respeto y cuidado por el medio ambiente es una preocupación que cala en todos los sectores, incluida la construcción. La cantidad de residuos que generan los procesos convencionales se reduce enormemente gracias al modelo off-site, donde apenas hay desperdicios porque solo se produce lo necesario, conforme al diseño en 3D. Además de estar concebidos desde la óptica de la economía circular, los módulos llegan completamente listos al lugar de la obra, con lo que se minimiza drásticamente la huella medioambiental que supone transportar todos y cada uno de los materiales que llegan de los múltiples proveedores con los que trabaja la construcción convencional. La demanda energética también es menor, además de priorizarse la construcción en seco, sin necesidad de agua.

6. Mayor eficiencia energética

Las viviendas industrializadas apuestan por una elevada eficiencia energética, algo que no solo es bueno para el planeta, sino también para tus finanzas. Si estabas acostumbrado a que las facturas de los suministros le dieran un buen bocado a tu presupuesto, con una casa con certificación A notarás un gran alivio a la hora de pagar la electricidad, por ejemplo. Es cierto que las viviendas tradicionales que se están construyendo en los últimos años ya hacen hincapié en aspectos como la climatización bajo energías renovables o cerramientos que proporcionan un gran aislamiento térmico y acústico, pero con el procedimiento industrializado incluso se puede conseguir el consumo pasivo.

7. A la vanguardia

Decantarse por una vivienda industrializada es subirse al tren de la innovación, alineándose con el compromiso medioambiental, al tiempo que se consigue habitar una casa ajustada a nuestras necesidades, con un precio sin sorpresas y levantada en mucho menos tiempo. Además, cuanto mayor sea la demanda de este tipo de residencias, más evolucionará este sistema para seguir mejorando en calidad y eficiencia. Si bien España todavía está lejos del volumen de producción de esta clase de inmuebles en otros países, cada vez son más las promotoras que incorporan sistemas industrializados total o parcialmente en su proyectos.

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